jueves, 4 de junio de 2009

Pérdida y recuperación del pelo


Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles, mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo. Si este pelo se engancha en la rejilla que suele cundir en dichos agujeros, bastará abrir un poco la canilla para que se pierda de vista.

Sin malgastar un instante, hay que iniciar la tarea de recuperación del pelo. La primera operación se reduce a desmontar el sifón del lavabo para ver si el pelo se ha enganchado en alguna de las rugosidades del caño. Si no se lo encuentra, hay que poner en descubierto el tramo de caño que va del sifón a la cañería de desagüe principal. Es seguro que en esta parte aparecerán muchos pelos, y habrá que contar con la ayuda del resto de la familia para examinarlos uno a uno en busca del nudo. Si no aparece, se planteará el interesante problema de romper la cañería hasta la planta baja, pero esto significa un esfuerzo mayor, pues durante ocho o diez años habrá que trabajar en algún ministerio o casa de comercio para reunir el dinero que permita comprar los cuatro departamentos situados debajo del de mi primo el mayor, todo ello con la desventaja extraordinaria de que mientras se trabaja durante esos ocho o diez años no se podrá evitar la penosa sensación de que el pelo ya no está en la cañería y que sólo por una remota casualidad permanece enganchado en alguna saliente herrumbrada del caño.

Llegará el día en que podamos romper los caños de todos los departamentos, y durante meses viviremos rodeados de palanganas y otros recipientes llenos de pelos mojados, así como de asistentes y mendigos a los que pagaremos generosamente para que busquen, separen, clasifiquen y nos traigan los pelos posibles a fin de alcanzar la deseada certidumbre. Si el pelo no aparece, entraremos en una etapa mucho más vaga y complicada, porque el tramo siguiente nos lleva a las cloacas mayores de la ciudad. Luego de comprar un traje especial, aprenderemos a deslizarnos por las alcantarillas a altas horas de la noche, armados de una linterna poderosa y una máscara de oxígeno, y exploraremos las galerías menores y mayores, ayudados si es posible por individuos del hampa, con quienes habremos trabado relación y a los que tendremos que dar gran parte del dinero que de día ganamos en un ministerio o una casa de comercio.

Con mucha frecuencia tendremos la impresión de haber llegado al término de la tarea, porque encontraremos pelo (o nos traerán) pelos semejantes al que buscamos; pero como no se sabe de ningún caso en que un pelo tenga un nudo en el medio sin intervención de mano humana, acabaremos casi siempre por comprobar que el nudo en cuestión es un simple engrosamiento del calibre del pelo (aunque tampoco sabemos de ningún caso parecido) o un depósito de algún silicato u óxido cualquiera producido por una larga permanencia en una superficie húmeda. Es probable que avancemos así por diversos tramos de cañerías menores y mayores, hasta llegar a ese sitio donde ya nadie se decidirá a penetrar: el caño maestro enfilado en dirección al río, la reunión torrentosa de los detritos en la que ningún dinero, ninguna barca, ningún soborno nos permitirán continuar la búsqueda.

Pero antes de eso, y quizá mucho antes, por ejemplo a pocos centímetros de la boca del lavabo, a la altura del departamento del segundo piso, o en la primera cañería subterránea, puede suceder que encontremos el pelo. Basta pensar en la alegría que eso nos producirá, en el asombrado cálculo de los esfuerzos ahorrados por pura buena suerte, para escoger, para exigir prácticamente una tarea semejante, que todo maestro consciente debería aconsejar a sus alumnos desde la más tierna infancia, en vez de secarles el alma con la regla de tres compuesta o las tristezas de Cancha Rayada.


Julio Cortázar

)...(


6 comentarios:

s a b r i b u dijo...

este es un lindo viejito de ojos de cocodrilo como escuche una vez

el Fracaso dijo...

Cresta...
Me decía a mí mismo, en voz alta y espantando los silencios sepulcrales de las noches solitarias de invierno, que era uno de los mejores textos que había leído...
Llegando al final vi tu fotografía y fruncí un poco la ceja derecha porque a los varones como que no nos gusta que las damas escriban mejor que nosotros.
Me dije "debe haber leído a Cortázar, porque en Rayuela hace una referencia muy particular al lavabo y a los pelos, pero hablaba de un buzo de lavabos..." y entonces llegué al final el texto y al final de la alcantarilla.
Espero poder leer algo vuestro la próxima ocasión.

Hace un tiempo, ya funciona mediocramente, hicimos un blog interesante con unos vagos:

http://rebandada.blogspot.com

Saludos,
Hugo

Maga dijo...

A cortazar le faltaba cable jmjm. Broma,me encanta Cortazar, Rayuela es increibleee!

Lindo tu blog, un abrazote!

verelogia dijo...

creo que este es uno de los textos que mas me gusta, siempre me acuerdo de el y me imagino el pelito dando un paseo por las ca;erias... gracias por la visita!

abrazos

Juan Pablo Castell dijo...

Hola, caí de casualidad por aqui, tienes un blog bastante interesante, bien surtido, me gusta...
Por cierto, amo la obra de Cortázar, es realmente increíble.
Bueno, saludos.

Si qieres puedes pasar por mi blog ;)

Kraken dijo...

bkn
tan tiempo
la verdad no lei
solo saludar
y el libro cuando se viene??