viernes 20 de noviembre de 2009
jueves 22 de octubre de 2009
martes 15 de septiembre de 2009
Cuerpos Gloriosos


Yo que siento el mensaje de otro cuerpo
en la piel de mis dedos
de otro cuerpo que me dice temblando
yo también te deseo.
Te deseo en la lluvia que llena
de plata tu espalda.
Te deseo en aquello que gime e implora
debajo de tu falda.
Tu cuerpo palpitante con todas
sus voces me invoca,
su puerta se humedece
y me llama como una nueva boca.
Y mi llave que tiene la forma
de una llama erecta
va buscando el camino glorioso
que conduce a tu puerta.
Majestuosa es la blanca montaña,
majestuosos tus pechos
y mi mar que tranquilo te baña
y empapa tu lecho.
Puro fuego es tu cielo,
puros besos te cruzan también,
nuestros cuerpos tendidos
Óscar Hahn, chileno
¡Viva Chile!
.
.
.
jueves 4 de junio de 2009
Pérdida y recuperación del pelo

Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles, mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo. Si este pelo se engancha en la rejilla que suele cundir en dichos agujeros, bastará abrir un poco la canilla para que se pierda de vista.
Sin malgastar un instante, hay que iniciar la tarea de recuperación del pelo. La primera operación se reduce a desmontar el sifón del lavabo para ver si el pelo se ha enganchado en alguna de las rugosidades del caño. Si no se lo encuentra, hay que poner en descubierto el tramo de caño que va del sifón a la cañería de desagüe principal. Es seguro que en esta parte aparecerán muchos pelos, y habrá que contar con la ayuda del resto de la familia para examinarlos uno a uno en busca del nudo. Si no aparece, se planteará el interesante problema de romper la cañería hasta la planta baja, pero esto significa un esfuerzo mayor, pues durante ocho o diez años habrá que trabajar en algún ministerio o casa de comercio para reunir el dinero que permita comprar los cuatro departamentos situados debajo del de mi primo el mayor, todo ello con la desventaja extraordinaria de que mientras se trabaja durante esos ocho o diez años no se podrá evitar la penosa sensación de que el pelo ya no está en la cañería y que sólo por una remota casualidad permanece enganchado en alguna saliente herrumbrada del caño.
Llegará el día en que podamos romper los caños de todos los departamentos, y durante meses viviremos rodeados de palanganas y otros recipientes llenos de pelos mojados, así como de asistentes y mendigos a los que pagaremos generosamente para que busquen, separen, clasifiquen y nos traigan los pelos posibles a fin de alcanzar la deseada certidumbre. Si el pelo no aparece, entraremos en una etapa mucho más vaga y complicada, porque el tramo siguiente nos lleva a las cloacas mayores de la ciudad. Luego de comprar un traje especial, aprenderemos a deslizarnos por las alcantarillas a altas horas de la noche, armados de una linterna poderosa y una máscara de oxígeno, y exploraremos las galerías menores y mayores, ayudados si es posible por individuos del hampa, con quienes habremos trabado relación y a los que tendremos que dar gran parte del dinero que de día ganamos en un ministerio o una casa de comercio.
Con mucha frecuencia tendremos la impresión de haber llegado al término de la tarea, porque encontraremos pelo (o nos traerán) pelos semejantes al que buscamos; pero como no se sabe de ningún caso en que un pelo tenga un nudo en el medio sin intervención de mano humana, acabaremos casi siempre por comprobar que el nudo en cuestión es un simple engrosamiento del calibre del pelo (aunque tampoco sabemos de ningún caso parecido) o un depósito de algún silicato u óxido cualquiera producido por una larga permanencia en una superficie húmeda. Es probable que avancemos así por diversos tramos de cañerías menores y mayores, hasta llegar a ese sitio donde ya nadie se decidirá a penetrar: el caño maestro enfilado en dirección al río, la reunión torrentosa de los detritos en la que ningún dinero, ninguna barca, ningún soborno nos permitirán continuar la búsqueda.
Pero antes de eso, y quizá mucho antes, por ejemplo a pocos centímetros de la boca del lavabo, a la altura del departamento del segundo piso, o en la primera cañería subterránea, puede suceder que encontremos el pelo. Basta pensar en la alegría que eso nos producirá, en el asombrado cálculo de los esfuerzos ahorrados por pura buena suerte, para escoger, para exigir prácticamente una tarea semejante, que todo maestro consciente debería aconsejar a sus alumnos desde la más tierna infancia, en vez de secarles el alma con la regla de tres compuesta o las tristezas de Cancha Rayada.
Julio Cortázar
)...(
martes 12 de mayo de 2009
viernes 8 de mayo de 2009
Existencialismo frutal

(...) y eso de que en qué etapa estoy
¡qué se yo!
¿tengo que estar en alguna acaso?
no quiero estar en ninguna
¿es inmaduro pensar eso?
¿y cuándo se es maduro?
¿acaso soy yo una fruta?
creo que sería mejor ser una fruta
redondita en un árbol
una fruta que antes fue flor
y vivir
redondita en un árbol
colgando de una rama
y a su vez colgando de otra rama
más delgada
que como cordón umbilical
me conectase con el árbol
y el viento me movería
y me gustaría
o quizás no
quizás me daría miedo
pero no tengo como saberlo
en el mundo "real"
no soy fruta
y tampoco estoy madura
en el mundo real
solo estoy colgando de una ramita
un día ya no colgaré más
caeré
y no me podré ni me querré volver a colgar
y me quedaré tranquila
esperaré redondita
a qué lleguen los siempre hambrientos gusanitos
y moriré
así, simplemente sin más
sin fuerza ya
para nada
que no sea
tener fuerzas para morir
ese fin
es lo más parecido que tengo
con una fruta redondita
colgando de una ramita
.)pensamientosnopatológicosperocercanosalsuicidio(.
domingo 3 de mayo de 2009
Las mujeres de ojos grandes

Tía Jose Rivadeneira tuvo una hija con los ojos grandes como dos lunas, como un deseo. Apenas colocada en su abrazo, todavía húmeda y vacilante, la niña le mostró los ojos y algo en las alas de sus labios que parecía una pregunta.
-¿Qué quieres saber?- le dijo la tía Jose jugando a que entendía ese gesto.
Como todas las madres, tía Jose pensó que no había en la historia del mundo una criatura tan hermosa como la suya. La deslumbraban el color de su piel, el tamaño de sus pestañas y la placidez con que dormía. Temblaba de orgullo imaginando lo que haría con la sangre y las quimeras que latían en su cuerpo.
Se dedicó a contemplarla con altivez y regocijo durante más de tres semanas. Entonces la inexpugnable vida hizo caer sobra la niña una enfermedad que en cinco horas convirtió su extraordinaria viveza en un sueño extenuado y remoto que parecía llevársela de regreso a la muerte.
Cuando todos sus talentos curativos no lograron mejoría alguna, tía Jose, pálida de terror, la cargó hasta el hospital. Ahí se la quitaron de los brazos y una docena de médicos y enfermeras empezaron a moverse agitados y confundidos en torno a la niña. Tía Jose la vio irse tras una puerta que le prohibía la entrada y con aquel dolor como un acantilado.
Ahí la encontró su marido, que era un hombre sensato y prudente como los hombres acostumbran fingir que son. Le ayudó a levantarse y la regañó por su falta de cordura y esperanza. Su marido confiaba en la ciencia médica y hablaba de ella como otros hablan de Dios. Por eso lo turbaba la insensatez en que se había colocado su mujer, incapaz de hacer otra cosa que llorar y maldecir su destino.
Aislaron a la niña en una sala de terapia intensiva. Un lugar blanco y limpio al que las madres sólo podían entrar media hora diaria. Entonces se llenaba de oraciones y ruegos. Todas las mujeres persignaban el rostro de sus hijos, les recorrían el cuerpo con estampas y agua bendita, pedían a todo Dios que los dejara vivos. La tía Jose no conseguía sino llegar junto a la cuna donde su hija apenas respiraba para pedirle: “no te mueras”. Después lloraba y lloraba sin secarse los ojos ni moverse hasta que las enfermeras le avisaban que debía salir.
Entonces volvía a sentarse en las bancas cercanas a la puerta, con la cabeza sobre las piernas, sin hambre y sin voz, rencorosa y arisca, ferviente y desesperada. ¿Qué podía hacer? ¿Por qué tenía que vivir su hija? ¿Qué sería bueno ofrecerle a su cuerpo pequeño lleno de agujas y sondas para que le interesara quedarse en este mundo? ¿Qué podría decirle para convencerla de que valía la pena hacer el esfuerzo en vez de morirse?
Una mañana, sin saber la causa, iluminada sólo por los fantasmas de su corazón, se acercó a la niña y empezó a contarle las historias de sus antepasadas. Quienes habían sido, que mujeres tejieron sus vidas con que hombres antes de que la boca y el ombligo de su hija se anudaran en ella. De que estaban hechas, cuantos trabajos habían pasado, que penas y jolgorios traía ella como herencia. Quienes sembraron con intrepidez y fantasías la vida que le tocaba prolongar.
Durante muchos días recordó, imaginó, inventó. Cada minuto de cada hora disponible habló sin tregua en el oído de su hija. Por fin, al atardecer de un jueves, mientras contaba implacable alguna historia, su hija abrió los ojos y la miró ávida y desafiante, como sería el resto de su larga existencia.
El marido de tía Jose dio gracias a los médicos, los médicos dieron gracias a los adelantos de su ciencia, la tía abrazó a su niña y salió del hospital sin decir una palabra. Sólo ella sabía a quienes agradecer la vida de su hija. Sólo ella supo siempre que ninguna ciencia fue capaz de mover tanto, como la escondida en los ásperos y sutiles hallazgos de otras mujeres con los ojos grandes.
(Ángeles Mastretta)
domingo 7 de diciembre de 2008
El ser humano emergente

Un mundo nuevo está emergiendo y lo hace desde las cenizas del sinsentido, estrés y desencanto, un mundo traído a la manifestación por personas que viven desde la inspiración de su propio sentido y vocación, que anhelan aportar al mundo, que se movilizan entusiastamente por iniciativas positivas desde diversas áreas, como salud, economía, empresas, arte, arquitectura, educación, psicología, organizaciones solidarias, ciencias, energía, desarrollo sustentable, etc. Personas que tienen la certeza de que el mundo puede ser creado y recreado, generando sociedades y culturas más humanas donde encuentre cabida el desarrollo de la sensibilidad y armonía corporal, afectiva, relacional, intelectual y espiritual como una totalidad.
Personas de diversas edades, medios sociales, ideas religiosas o agnósticas, que se sienten impulsadas por un anhelo intangible de autorrealización integral, participación y entrega a un propósito de unidad planetaria, paz y florecimiento mundial, donde los humanos puedan vivir con propósitos mayores que la defensa del propio territorio.
Personas que intuyen que sólo si asumimos nuestra realidad de seres conscientes de existir en un "todo mayor" que nos contiene podremos ser agentes de luz para el planeta y no simples depredadores de recursos.
Personas que se la juegan por generar condiciones que nos permitan vivir en un mundo donde las crueles diferencias y distorsiones de nuestra cultura ya no encuentren lugar.
Personas que concretizan sus inspiraciones en actos, en organizaciones, que utilizan las ventajas de la tecnología para conectarse, para co-inspirar generando uniones creativas que potencien su contribución participando en intereses y propósitos comunes con otros.
Personas de mentalidad pluralista, abierta, no dogmática, integradora de la diversidad, dispuestas a cuestionarse y cambiar, que se abren a las nuevas visiones del conocimiento y a las prácticas que les puedan aportar armonía y serenidad a sus vidas.
Personas con una orientación integral que trabajan con pasión por lo que hacen, pues desde allí significan sus vidas, pero que dan cabida a los distintos aspectos de su ser, que escuchan las necesidades de equilibrio corporal, y al llamado de su alma por contactar con una dimensión interior de sentido, paz y creatividad. Personas que responden a su guía interior por un fuerte contacto con un centro intuitivo profundo que les muestra el camino, les da serenidad y los lleva a vivir en conexión con todos aquellos que en el mundo están despertando y respondiendo a las dinámicas de un nuevo tiempo.
)PatriciaMay(
. . .
jueves 27 de noviembre de 2008
Abrazo
Yo bailo

Deseando más vida, más amor, que viven en el alma de mi corazón, no quiero no ser un artista, estoy bailando, cantando un trabajo artístico, vos iluminaste mi corazón con tanta agresividad y me mostraste, la furia del amor, del sexo, de los afectos que me pertenecen, en peligro, pero no estoy asustado, en peligro, encontré el esplendor ahí, bailando, estamos bailando, en la cima del agujero flameante, estamos bailando justo en el crater del volcán.
encontrado por ahí sin dueño aparente
Dedicado a www.elvuelodelbuho.blogspot.com
lunes 24 de noviembre de 2008
(im)plotar
¿cómo cambiamos?
¿hacia dónde?
¿cómo?
¿cuándo?
dos mil críticas
un largo silencio
la noche aún mas larga
y la sangre corre
la vida fluye
el tiempo pasa
y nosotros aquí
como ayer, antes de ayer y antes de antes de ayer
inmóviles
sin aliento
sentados
mirándonos los unos a los otros
con caras de nada
con las mentes llena de todo
de todas esas dudas que no se aclaran
paralizados
con morfina
lúgubres
quisiera que la alegría se quedara
más, mucho más, que sólo en una canción.
(---)
miércoles 20 de agosto de 2008
Viajero Infinito

"Coger lo que huye, algo que quizás poco después desaparecerá porque no es muy importante, que por ende puede ser olvidado, pero que de todos modos, al menos por un tiempo quizás breve, ha existido. Y que entonces, tal vez transformado y metabolizado, continúa siendo parte de ese paisaje, de aquella realidad, incluso cuando ésta haya cambiado. La crónica es como una fotografía instantánea. En ese sentido puede ser extremadamente preciosa".
"El extranjero tiene una cierta virginidad de mirada que, justamente por no estar hastiada, puede ver lo que hay de nuevo, incluso lo que ocurre bajo los ojos de todos, capturar una epifanía. O bien, su mirada, justamente porque es ignorante, puede cumplir la función de hacer notar el absurdo, quizás lo inaceptable de tantas cosas que los demás, que las ven todos los días terminan por no ver".

"La mirada del extranjero puede resultar superficial y errada, fuera de lugar; puede ser la mirada de sus prejuicios, puede ser la mirada de su no conocimiento la que no le permite descubrir pasiones fundamentales que parecen banales y que, en cambio, son profundas. Además el extranjero siempre tiene una mirada irresponsable; la mirada de quien sabe que partirá, que no está entonces involucrado con lo que ocurrirá en ese lugar y que por ende puede formarse la convicción de no ser responsable, por ejemplo, de las injusticias de un país. Lo que es falso porque todos somos responsables de todas las injusticias que suceden en el mundo".
Claudio Magris
jueves 31 de julio de 2008
miércoles 30 de julio de 2008
martes 15 de julio de 2008
)...(
toda mi vida, todo el día de ayer,
antes de ir a acostarme, al momento de levantarme,
de comer, de caminar hacia la universidad,
e incluso mientras soñaba y dormía,
continuaba pensando
y aún sigo pensando
pero lo más increíble
es que no he llegado a nada
a nada aparente
y que sigo pensando
y se supone que pensar da frutos
¿qué fruta di yo todo este tiempo?
domingo 29 de junio de 2008
La guerra
sábado 28 de junio de 2008
Sigue...
jueves 26 de junio de 2008
Bertoni

I
Tú no te imaginas, ni siquiera,
que no te imaginas el daño que me has hecho
al decir cosas que yo me imagino tú te imaginas que no son dañinas.
Tú no te imaginas que podríamos vivir,
yo a tu lado de un lado para otro
y de rodillas como si estuviera pagando
una manda en la gruta de Lourdes cuando tú vas al baño,
cuando tú vas a la cocina, cuando tú vas al living.
De rodillas pidiéndote que comprendas,
que te fijes,
que te des cuenta que ando de rodillas,
siguiéndote a todos lados en nombre de algo.
Cuando digo que morirás chica
me refiero a que no te has dado cuenta y que no sabrías,
si me vieras, porque ando a tu lado de rodillas.
Cuando digas que todo esto es literatura (como sueles hacer),
también pensaré que se debe a tu constante a medias ceguera(-)
Yo debo actuar por fuera. Ver la estrategia.
Olvidarme de las tripas
IV
Podría dejar de hacer lo que hago.
Descansaría en ti.
No me atrevo a acercarme a tu recuerdo.
Ajustado a tu cuerpo.
Ajustado a recuerdos recientes.
Se cierra el aire sobre tu cuerpo en mi memoria.
Sobre los bordes.
Sobre las sinuosidades de líneas de tu cuerpo.
Y se hunde.
Y yo quedo afuera a miles de millones de millas.
No es la calma
ni algún otro tipo de paz lo que a esta hora de la noche
o de la incierta madrugada
me espera.
Es un álbum detrás de álbum detrás de álbum.
Tú lo deberías saber.
Algo dentro de ti lo debería saber.
Aunque poco sacaría yo, bajo las actuales circunstancias.
Te daría placer.
Te daría un plinto de barro para enardecerme.
Otra cosa que hago es volver sobre mis pasos.
Volver sobre mi vida.
Volver sobre los inicios de cualquiera de mis senderos.
Me busco mi ovación.
Me busco mi triunfo.
Me busco mi paciencia.
Me busco mi fruto.
Mi pequeño fruto.
Y me lo como.
Y me vengo de ti.
Suavemente me vengo de ti.
Me alimento de mi vida.
Me protejo.
Vivo.
Y no dejo que me mates.
Que te comas mi vida.
Que me comas a mí.
Me meto en mi vida.
Retrocedo en mi vida.
Me busco aliados.
Y los invito a pasar la noche amarga conmigo.
A contarme historias en las que galeotes como yo
escriben poemas de dieciseisañeras ninfómanas
y se salvan como el poeta Kenneth Rexroth se salva
y a mí también me salva.
Volviendo a la verdad no queda otra cosa que no insistir:
que no quitarse la vida.
Porque no es para tanto.
(...)
martes 15 de abril de 2008
Café

como azúcar en una taza de café
a las cinco de la mañana
caen a pedazos los recuerdos
y sólo queda esta amargura
que amarga más
que cinco de estas tazas
se lo lleva todo
difuminándolo hasta que se pierde
no puedo creer que
esa dulzura ausente
entristezca hasta desbordar
ahogándolo todo
sobre este líquido café
el único que esta noche
me acompaña.
...
lunes 25 de febrero de 2008
Escribo

“Escribo para olvidar, este es un hecho, necesito meter un poco de tranquilidad en mi alma, necesito descansar, necesito dormir, dios sabe, sólo Dios sabe que hace diez meses que no duermo, aunque el tampoco dormía, bien lo recuerdo…Yo sabía que él estaba llorando ahí afuera, lo presentía, más bien, mientras sentía mis propias lágrimas, días más tarde creía oírlo sollozar todavía en el suelo frío de la cocina, ahí en ese rincón amable que él limpió con el roce de sus piernas durante muchas noches.”








